Es conocido que existe un extraño grupo de personas en nuestra ciudad que tiene una de las costumbres más raras registradas en los anales de la historia guayanesa.
Se trata de personas con la poco común manía de comerse los semáforos.
En principio no tiene nada de raro, todos en cualquier momento de nuestra vida nos hemos comido uno, es mas a diario lo hacemos, pero lo que caracteriza a este grupo de personas es que de verdad se comen el semáforo.
Comienzan por destornillar los bombillos masticarlos en riguroso orden: rojo, amarillo y verde, para después pasar a degustar de los cables internos del poste que los soporta, deglutiéndolos como si fueran espaguetis; inclusive se sabe que organizan competencias entre ellos para ver quien se los come más rápido y sin eructar. Una vez concluida esta faena proceden a morder salvajemente la estructura amarilla, el semáforo propiamente dicho, apartando a un lado las gomas de los sócates de los bombillos, ya que según dicen, les producen cólicos.
Una vez han tragado íntegro el artefacto, descansan media hora para comenzar lenta pero segura la ingestión del poste. Como dato curioso, pudimos saber que realmente no se lo tragan, solo lo mastican y compactan en forma de bloques para luego venderlo como chatarra de aluminio.
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