Por qué ste Blog

Bien, bien, bienvenidos a este espacio de, de, de... ¡de no sé que aun!. Solo se me ocurre agregar algunas extrañas letras muertas que recogí en los basureros de tiempo perdido de mi memoria.

Algo de lo que se plasmó en las páginas de la revista Fauna Urbana. Algo que aun no logro explicar como llegó al papel y mucho menos que hacían en mis depositos de desecho cerebral. No recuerdo nunca haber pensado en eso.

En fin, poniendonos serios, ojala alguien logre hacer con este material algo de que yo no pude. Si intentan usarlo como abono, para madurar aguacates o forrar la papelera del baño, creanme, no sirve. En vano fueron mis intentos por darle oficio a estas letras.

Ah! por cierto... ahora si, realmente serio: Si por casualidad necesitan una voz, cuyo valor viene dado por más de 20 años de experiencia, no duden en clickear:

www.leonardorodriguez.com

Lugar que utilizo para intentar sacarle provecho a algo que realmente aun no logra convencerme, pero si a 7 emisoras de radio, cinco en Venezuela, una en Colombia y otra en Miami. A la Hyundai de Colombia, Gases de Occidente Tambien en Colombia, organización Nuestros Rios son Navegables, Ferrominera Orinoco, Pollo Tropical, Miami Florida, Circuito Elite, en Perú, y a otras marcas, empresas y productos alrededor del mundo.

Aqui pueden comprobar algo de lo que les digo:

www.decostaacostaradio.com

www.platinum.com.ve

http://voice123.com/leonardorodriguez


Ademas intentaré poner algo de audio para que, "porsiaca", ayuden a este pobre ser humano a sobrevivir. No prometo solidaridad en los costos, pero si una excelente calidad! Garantizado!!!

Fuerte abrazo

viernes, 22 de enero de 2010

Genio y figura

Debo admitirlo, disfruto de algunos placeres mundanos. Constituye todo un ritual que he ido perfeccionando con el tiempo, esperar la temporada de ciruelas para “echarme” literalmente en mi balcón a disfrutar de una bolsita llena con los mejores ejemplares minuciosamente seleccionados. Resulta un verdadero goce lanzar las semillas a los transeúntes que pasan por la calle de abajo mientras me desternillo de la risa cuando doy exactamente en la cabeza de los desprevenidos caminantes. Para tan importante acontecimiento dispongo de una aristocrática hamaca bordada con los más finos hilos de seda china, en cuyos bordes destacan encajes de selecto algodón suizo que la dotan de una suavidad y ergonomía excepcionales, características perfectas para reposar mi bien cuidado y moldeado cuerpo. En cierta ocasión, mientras reía insolentemente de los episodios en los que las personas comienzan a lanzar improperios al aire ante el desconocimiento del origen de las agresiones, noté que una de las semillas en cuestión rodaba de manera involuntaria por mi traquea produciéndome de inmediato una reacción nerviosa que aligeró su paso a otras partes de mi sistema digestivo. Justo cuando pensaba que el mal rato estaba pasando sentí que ésta se atoraba exactamente en el lugar donde confluyen la epiglotis con la manzana de Adán, provocándome un estancamiento absoluto del aire a mis pulmones.
Al verme en tal situación, intenté tomar el teléfono, acto totalmente estéril, debido a que el poco aire que aun permanecía en mis pulmones fue desperdiciado vilmente, ya que no era suficiente para mover mis bien desarrolladas cuerdas vocales. De inmediato supe que era hora de hacer algo por mí, de otra manera caería inconsciente en el sucio piso, y si no moría asfixiado, moriría de la infección.
Mientras intentaba expulsar la semilla atorada en mí traquea, rodeándola con mis manos y golpeando mi cabeza lo más duro que podía contra la pared pude ver mi rostro reflejado en un espejo estratégicamente ubicado en el balcón en el cual suelo acicalarme antes de salir de casa. No fue difícil distinguir un elegante color morado verdusco que se había apoderado de mi cara, un rojo intenso imprimía a mis ojos un brillo que jamás vi ni en mis mejores años de juventud.
Por un momento sentí desfallecer. La falta de oxígeno que impedía el fascinante proceso de hematosis en mis glóbulos rojos comenzaba a hacer mella en mi superdotado cerebro, que a estas alturas no era capaz de hilvanar una idea coherente. Mis perfectas manos, mis bien contorneados brazos y piernas, algunos órganos y demás desarrollados músculos de mi cuerpo comenzaron a pasmarse. Fue en ese entonces cuando mi espalda comenzaba a tomar la curvatura típica de un asfixiado, al mejor estilo del Arco del Triunfo parisiense, mientras mi rostro ya mostraba expresión de exasperante desespero. Mi yugular estaba tan inflada que parecía un trozo del mejor jamón serrano pegado a mi cuello y para que decirles que la sobria vena que regularmente atraviesa mi frente, me impedía la visión.Por fin caí inconsciente al suelo justo en el lugar más limpio del apartamento. Jamás me perdonaría ensuciar mi impecable camisa de lino, mi exclusivo pantalón Ermenegildo Zegna y mis impolutos zapatos en piel.
Aun no he despertado, no se que ha sido de mi luego de aquel instante. Lo último que recuerdo fue mi imponente caída, al mejor estilo de un jugador de béisbol de grandes ligas cuando se roba una base.

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