Cada vez que llueve, se inicia en mí una extraña metamorfosis de la cual no me gusta hablar. En vista que ha llovido tanto y se me hace casi imposible ocultarme de la vista de mis vecinos y de Jenny, procedo a describirse los de la manera más sutil y delicada que pueda, para no causar en personas de carácter susceptible aberración hacia mi persona.
Para empezar debo mantenerme alejado del agua, una sola gota que caiga sobre cualquier parte de mi cuerpo genera toda una reacción en cadena que empieza por las uñas de los pies, las cuales toman dimensiones extraordinarias provocándome la ruptura y posterior sangramiento de los bordes. Al poco tiempo mis piernas y muslos comienzan a mostrar una suerte de plumaje negro que me llega hasta la nuca, con la consabida metamorfosis de mis brazos, en cartílagos tan livianos que de inmediato me dotan de una especial habilidad para volar.
Pero esto no se termina aquí... mi boca, nariz, orejas, pómulos y ojos se hunden en mi ya malogrado cráneo para dar paso a nuevas protuberancias en forma de pico y ojos con una fantástica visión 20/20 que hacen inútiles mis abnegados lentes. Todo es muy soportable hasta aquí... luego de estos ligeros y casi imperceptibles cambios, la parte que más preocupa a mi alma es cuando mis gustos y apetencias comienzan a manifestarse de manera tan disparatada que me provocan unos ataques de risa, que para mi sorpresa las carcajadas suenan exactamente igual al chillido de las águilas. La necesidad de un ratón, un conejo, carne crudas en mi estómago me hace salir disparado en franco vuelo, desde la ventana del apartamento, hasta la zona de cambalache, donde me surto de cuanta alimaña pase por mi campo de visión. Al mezclarme con los zamuros he sostenido conversaciones rodeadas de un ambiente de franca camaradería, quienes en un noble gesto de solidaridad animal comparten sus sobras conmigo, al darse cuanta de mi inexperiencia en el arte de la cacería aérea.
Esto es a groso modo lo que sucede año tras años, temporada de lluvia tras temporada de lluvia en mí. Por recomendación de mi doctor he decidido no contarles más, sobre todo la parte cuando vuelo tan lejos, siguiendo a mis colegas carroñeros, cuando escampa y me despierto en lugares que en mi vida de humano jamás me imagine ir.
Bah! No se asombren! Créanme, he visto cosas peores.
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