Según recientes datos de la OMS, el grueso de los dormilones de oficio del mundo atraviesa su peor momento. Y es que per se, dormir debería resultar la mejor experiencia de relajación y descanso como premio a nuestra jornada diaria, sin desviarse de su función principal de reponer energías y restaurar neuronas. Pero lamentablemente, irse a la cama se ha convertido en la peor pesadilla de un preocupante y creciente porcentaje de personas ¿Las razones? Innumerables. Me niego a citarlas en este pequeño reducto de papel. Según fuentes dignas de todo crédito algunas empresas ya comenzaron investigar a trabajadores que llegan sonrientes a sus sitios de trabajo, frescos, repuestos, cargados de una energía que son incapaces de transmitir a sus compañeros, etiquetándolos de pichirres, mala gente, y “echones”. Las investigaciones se basan en conocer la fórmula que aplican para conciliar el sueño sin mayor esfuerzo, sospechándose de su honestidad en el manejo de fondos, dudando de su fidelidad conyugal, la insólita disponibilidad de dinero en mitad de quincena, odiosos suspiros de satisfacción delante de sus compañeros, entre otras nimiedades, hacen pensar que su modo de vida se basa en lo que piden prestado a los demás, siendo en múltiples casos acusados de haber vendido su alma al diablo. En fin, la tranquilidad con la que estos seres se toman la vida, los desconcierta.
En recientes conversaciones con personas pertenecientes al grupo de los “traquilus insanus”, alegan que no todo es tan fácil como se quiere hacer ver. Ellos también tienen serios problemas, no para dormir, sino para despertase. Como si esto no fuera suficiente, exponían consecuencias que sorprenden a los más escépticos. Por el lado femenino, era terrible levantarse luego de dormir plácidamente durante toda la noche y lidiar con una espesa maraña de cabello, producto de profundos estados de inconsciencia alcanzados durante la noche, el aumento de sueños húmedos, empeoraba, según ellas, su grado de frustración sexual, al no poder ponerlos en práctica debido a los escarceos con Morfeo, pérdida de la continuidad en la trama de las novelas, hijos en la calle hasta quien sabe que hora y esposos insatisfechos por falta de cena. Es de hacer notar un aumento en la manía de babear las almohadas de forma tal, que se conocen patéticos casos de ahogados en saliva durante la noche.
Por el lado masculino la situación no es menos deprimente. Terribles erecciones matutinas los invadían hasta avanzadas horas de la mañana, teniendo que hacer un esfuerzo sobrehumano para ocultar su encarpamiento; molestias por no poder esconderse debajo de la sabana y disfrutar sin prejuicios de las consabidas sesiones de flatulencias nocturnas, disminución de las juergas nocturnas convirtiéndose en la burla de sus amigos ya que el sueño los invadía de manera tal que eran incapaces de mantenerse alertas luego de las 8 de la noche, entre otros casos muy puntuales.
Lo cierto es que dormir a “pata suelta” ya no es lo mismo, los efectos son devastadores y desconcertantes para los entendidos. Antes de cerrar esta edición y quedarme dormido, me asegura uno de los pocos que ha podido superar el percance, que encontró la solución a sus problemas de sueño sumiéndose en la lectura. Me comenta que seleccionar el material adecuado para inducir el sueño es materia delicada; la historia registra deplorables casos de errada selección por parte de personas con tendencia a la depresión o intentos fallidos de suicidio. Digerir tanta información les causa ataques de cosquillas, por lo cual terminan asfixiados de tanto reírse de los escritores. Se recomienda tener un coeficiente intelectual superior a 120. De no ser así, no se preocupe por leer y mucho menos por dormir. Usted es uno de los elegidos para cuidar el planeta mientras todos duermen. ¡Hágalo bien! Confiamos en su solidaridad para con el prójimo. Mientras tanto, prometemos, por este puño de cruces, que le sugeriremos, muy pronto, qué leer mientras ejerce su nuevo oficio de “guachimán” del mundo
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